martes, 24 de enero de 2012

ALGUNAS CUESTIONES PSÍQUICAS SOBRE EL DOLOR (II)


                                            Naranjas y Limones. Julio Romero de Torres

Alguien aquejado de un dolor deja de interesarse por el mundo exterior, en cuanto no tiene que ver con su dolencia, incluso retira de sus objetos amorosos su interés libidinoso, cesando así de amar mientras sufre.
La vulgaridad de este hecho también tiene una explicación en términos de la teoría de la libido. El enfermo retrotrae su libido al propio yo concentrándose en la curación, "concentrándose está su alma - dice el poeta con dolor de muelas- en el estrecho hoyo de su molar". La libido y el interés del yo, no se diferencian. Esta desaparición de todo interés amoroso ante el dolor físico no nos llama la atención porque es algo que ocurre a cada uno, por eso también ha sido fuente de comicidad.
El dolor interrumpe todos los ensueños idealistas y platonizantes, así como su inspiración amorosa. Por ese dolor se olvidan las cotizaciones de la bolsa, los impuestos, la tabla de multiplicar, etc. Todas las formas habituales del ser pierden súbitamente su atractivo, están anuladas. Y ahora, en el pequeño agujero, la muela habita. El mundo simbólico de las cotizaciones de la bolsa y de la tabla de multiplicar se halla enteramente cargado en el dolor.
La experiencia de que un dolor borra a otro, quiero decir que no se sufre en el presente de dos dolores a la vez: uno toma el primer plano, hace olvidar al otro como si el investimento libidinal, incluso sobre el propio cuerpo, se mostrase sometido allí a la misma ley que de parcialidad, que motiva  la  relación al mundo de los objetos del deseo.
Así como los dolores pueden ser exacerbados por dirigir la atención hacia ellos, también desaparecen cuando se la quitamos, lo sabemos cuando queremos calmar el dolor a un niño, lo vemos con las heridas de los guerreros en el combate, del mártir en la exaltación de los sentimientos religiosos que en espera de la recompensa celestial se torna insensible a los tormentos, por eso que la voluntad de sanar o de morir puede que no carezcan de importancia para el desenlace de algunas enfermedades, aun las graves.
El dolor es una señal de alarma, por ejemplo como señal del estado de una enfermedad. El dolor es la señal prototípica de la representación de nuestro cuerpo, a veces incluso como señal de que nuestro cuerpo está vivo. Puede ser una forma de adquirir conocimiento acerca de nuestros órganos cuando padecemos una dolorosa enfermedad, que suele ser el prototipo de aquella en la que llegamos a la representación de nuestro propio cuerpo.