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miércoles, 8 de julio de 2015

¿CRISIS DE PAREJA?


Cuando se cree que la ruptura de una relación afectiva es inminente, a veces, vemos aparecer sentimientos hostiles que hasta ese momento no se habían manifestado. Esto se debe a que casi todas las relaciones afectivas íntimas de alguna duración entre dos personas, dejan un depósito de sentimientos hostiles, que como en general no toleramos tenerlos, los reprimimos. Hasta entonces tu relación  era una relación amable, “amabas tiernamente” pero hay que tener en cuenta que este exceso de “cariño” aparece siempre en aquellos casos en los que junto al cariño predominante, existe una corriente contraria, inconsciente, de hostilidad, o sea siempre que nos hallamos ante un caso típico de ambivalencia afectiva. La hostilidad queda ahogada por un desmesurado incremento del cariño, el cual se manifiesta en forma de una angustiosa solicitud que puede hacerse obsesiva.
Pero no hay que huir ni arremeter. Lo mejor es aceptar la realidad que se ha producido, sin negarla. Implicarse: no echar la culpa al otro de lo que te ha sucedido, porque en cualquier relación que mantienes, sea del tipo que sea, tú también estás implicado. 
Pero tampoco hay que arremeter contra uno mismo, no se trata de buscar culpables sino de darse cuenta qué responsabilidad tienes en eso que te pasa. 
Es importante aprender a conversar, porque aunque creas que ya lo has hablado mil veces, en realidad no has comenzado una verdadera conversación, donde escuchar y ser escuchado, algo que facilita la escucha de un profesional, un psicoanalista, posibilita que se produzca una modificación. No es necesario separarse para cambiar.
Por eso si te has preguntado por el futuro de tu relación de pareja es el momento de consultar



jueves, 28 de julio de 2011

RELACIONES DE PAREJA: DESEO Y AMOR


Cuadro: Sol ardiente de Junio. Frederic Leighton

La mujer ha sido socialmente objeto de intercambio (en determinado momento histórico era la norma que las familias de la nobleza “entregaran” a su hija en matrimonio sin consentimiento de la misma) a cambio de poder, prestigio o dinero. La mujer del amor cortés (una producción de los trovadores) era también una mujer objeto. Pero esto, que nos puede parecer algo del pasado, sigue ocurriendo actualmente, no sólo en la realidad material (en algunos países las niñas siguen siendo vendidas por su familia) sino también en la realidad psíquica, de tal manera que hay mujeres (o todas las mujeres en algún momento) que se posicionan en este lugar de objeto del deseo del hombre. En esta posición lo único que importa es el goce de él, el goce de ella queda supeditado al de él: si él goza, ella goza porque él goza. En esta posición de objeto, a ella lo único que le interesa es sentirse amada, no le interesan ni siquiera las características de ese amor, simplemente buscan que alguien les diga que las ama.
Con respecto al amor, hay dos tipos de elección de objeto amoroso. Una forma narcisista, en la que se elige según la propia imagen de uno, y otra forma de apoyo o anaclítica, en la que se elige según modelos parentales (un hombre o una mujer que le recuerda al sujeto a su madre o a su padre)
Volviendo a la posición de objeto que la mujer toma a veces en una relación, tenemos que tener en cuenta que eso es un reducto histórico, a ella le resulta más fácil mantener esa posición que adquirir una posición de sujeto, de amante en lugar de amada. Poder expresarse en su singularidad en lugar de en función de su pareja.
Con respecto al objeto erótico, en el acto de amar, el objeto debería ser contingente, es decir: cuando se ama lo importante es amar y no tanto a quien se ame, sin embargo, en este tipo de relaciones se observa que el objeto se concibe como necesario, es como si pensaran que ese es el hombre al que aman y no puede ser otro, hay una fijación del objeto.
Continuará…